Salud emocional

Salud emocional

Una asignatura pendiente

El informe anual de UNICEF dictamina que uno de cada siete adolescentes entre 10 y 19 años sufre un problema de salud mental y casi 46000 adolescentes se suicidan al año en el mundo. Además, apunta al “innegable” impacto de la pandemia en el bienestar emocional de los niños y adolescentes que viven en España: el 58,3% de entre 15 y 24 años dice sentirse “a menudo” ansioso, nervioso y preocupado y el 36% “a veces”.

Ante este panorama, UNICEF-España solicita al gobierno una nueva estrategia nacional en salud mental con atención específica en la infancia.

Tal y como aparece recogido en el texto: “Si queremos reducir el sufrimiento de la población – y, en especial, de los niños, niñas y adolescentes -, y mitigar las potenciales consecuencias asociadas a medio y largo plazo (también en términos socio-económicos), desde UNICEF pedimos al Gobierno Español, así como a todos los gobiernos autonómicos y locales:

  1. Garantizar que la respuesta a la COVID-19 y el plan de reconstrucción incorpora una estrategia específica sobre salud mental y bienestar psicológico, y que la salud mental se convierte en un elemento transversal en todas las áreas de actuación (enfoque whole of society).
  2. Promover y detectar cuanto antes el riesgo en la salud mental de niños, niñas y adolescentes, para prevenir, proteger y tratar con medidas específicas y teniendo en cuenta las necesidades particulares de los más vulnerables. En la etapa de recuperación, es absolutamente crucial detectar y prevenir problemas, con actuaciones reforzadas en el ámbito familiar, educativo y comunitario.
  3. Fortalecer el sistema de salud mental y de apoyo psicosocial con carácter permanente.

En este informe (se puede descargar desde aquí) destaca el rol de la familia y la escuela. Pero no es solo por la situación por la pandemia COVID-19, agentes educativos tan importante como la familia y la escuela deberían tener una mayor sensibilización en cuanto a lo que educación emocional se refiere, para ofrecer herramientas y estrategias a los niños y niñas. Desde los centros educativos, la educación emocional debería ser transversal a toda acción educativa; se deberían de incluir estrategias destinadas a favorecer las competencias emocionales de manera inherente a la práctica educativa. Sin embargo, tenemos que reconocer que suspendemos en lo que a inteligencia emocional se trata, en una sociedad tan acostumbrada a ocultar las emociones, a enseñar a no mostrarlas, incluso a que los niños se avergüencen de ellas.

Tenemos, por un lado, el factor institucional. Este no contempla en sus Planes Educativos la Educación Emocional, pues considera estas competencias como sociales y no académicas. Sin tener en cuenta “los elevados costes del analfabetismo emocional para nuestra sociedad: crímenes, suicidios, inseguridad, depresión…” (Goleman, 1995).

Pero por otro, tenemos el factor humano, los profesionales, así como las propias familias. Todos estamos acostumbrados a oír frases del tipo: “no llores por eso”; “no llores que te pones muy fea”; “los niños no lloran”; “por eso no te puedes enfadar”. Desde pequeños, nos están marcando el camino de ocultar las emociones. Urge un cambio de paradigma. Tenemos que aprender a reconocer las emociones, validarlas (estar enfadado no es ni bueno ni malo, es una emoción que hay que reconocer, saber ponerle nombre) y enseñar a gestionarlas. Y, por supuesto, aprender a ponernos en el lado del otro. Para ello, lo primero que tenemos que hacer es aprender a ponernos del lado de nuestros alumnos, del lado de nuestros hijos… desarrollando nuestra propia empatía para que ellas la aprendan. Todo esto, prácticamente desde que nacemos. Tenemos una asignatura pendiente como sociedad.

oriens

Oriens es una cooperativa social que tiene como objeto la intervención socioeducativa y cultural para promover cambios en nuestro entorno.

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