Ola de LGTBIFOBIA

Ola de LGTBIFOBIA

Vulneración y ataque a derechos básicos

Cuando hablamos de educación en valores, hablamos de educar para un marco de respeto mínimo y básico.

Cuando hablamos de educación en valores, hablamos de faltas de respeto que impiden una convivencia pacífica.

Cuando hablamos de educación en valores, hablamos de democracia como sistema de convivencia.

Cuando hablamos de educación en valores, hablamos de educar para la igualdad.

La educación en valores debería estar intrínseca y ser transversal a todo acto educativo, pero es obvio que hay que hacer hincapié y seguir trabajando para que la igualdad sea real y no solo jurídica. ¿Por qué decimos esto? Porque el pasado fin de semana, observamos atónitos a una manifestación por Chueca, en Madrid, en la que los manifestantes coreaban cánticos de esta índole: “Fuera maricas de nuestros barrios”, “Fuera sidosos de Madrid” o “Abajo el matrimonio homosexual”.

 

 

Si bien destacan vítores homófobos, también se oyeron consignas racistas como “España cristina y no musulmana”.

Ni que decir tiene que, detrás de estas conductas hay una gran desinformación y desconocimiento, pero eso no exime a estos grupos de la gravedad de estos actos. No es la sociedad que queremos. La sociedad que queremos es tolerante, respetuosa, pacífica y democrática. Como sociedad deberíamos pararnos a pensar qué ocurre, qué enfermedad padecemos para que grupos de personas se crean superiores y que pueden salir a las calles a insultar a otros porque tienen gustos diferentes, un color distinto u otra religión. En algo estamos fallando, o más bien, en qué no estamos fallando. Este tipo de actos son terribles y deberían de conmovernos a todos. Este es un ejemplo más de la importancia de seguir trabajando en la educación en valores desde el ámbito de la educación no formal. Insistimos en que aquello que no se aprende en los circuitos formales se aprende en los informales, con todo las consecuencias que puede conllevar.

Nuestra reflexión en torno a lo que ocurrió el pasado sábado va más allá. Nos parece muy grave, pero cuando traspasa el plano del ataque verbal a la agresión física entramos en un terreno muy peligroso. Hace unas semanas, hubo una gran conmoción social por un caso de denuncia de un ataque homófobo que después resultó ser una falsa denuncia.

El revuelo tuvo varias “vertientes”. Por un lado, en un primer momento, hubo conmoción por los hechos denunciados. Pero ya, en este momento, hubo dirigentes políticos que pusieron el foco en la identidad de los atacantes, que se desconocía, pero que ellos rápidamente identificaron con extranjeros y musulmanes. Es curioso que tuvieran tanto conocimiento de los hechos, sobre todo porque nunca se produjeron y no había atacantes, “ni españoles de bien ni extranjeros”, era todo una invención.  Horas después, se supo que se trataba de una denuncia falsa. Así que, se desataron las opiniones encaminadas a que no existe tal ola homófoba ni nada de lo que preocuparnos, sino que se trata de un fenómeno similar al de las denuncias falsas de maltrato de género. Hay que recordar que las denuncias falsas sobre maltrato de género suponen un porcentaje muy pequeño. En el año 2019 se presentaron en España 168.057 denuncias por maltrato y de ellas 7 fueron falsas, lo que supone un 0.01%

Preferimos pecar por crédulos y estar dispuestos a oír y ponernos del lado de las víctimas que desconfiar y dejar de apoyar y acompañar a aquellos que son maltratados. Sobre todo, cuando las cifras nos dicen que sí, que hay  un problema social y muy grave, que hay un problema cuando algunas personas atacan física y/o verbalmente a otras por pensar diferente, por tener otros gustos, otro color de piel o por ser mujer.

Tenemos aún un camino por delante y mucho trabajo por hacer para conseguir la igualdad real entre todas y todas para conseguir  una sociedad sostenible e igualitaria.

oriens

Oriens es una cooperativa social que tiene como objeto la intervención socioeducativa y cultural para promover cambios en nuestro entorno.

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